Las 20 preguntas

¿Eres un Jugador Compulsivo?

Responda las 20 preguntas a continuación y vea nuestros comentarios basados en sus respuestas.

1. ¿Alguna vez ha perdido tiempo laboral o educativo a causa del juego?
2. ¿Ha sido el juego la causa de infelicidad en su vida familiar?
3. ¿El juego afecta a su reputación?
4. ¿Ha sentido remordimientos después de jugar?
5. ¿Alguna vez ha jugado para conseguir dinero con el que saldar deudas o resolver dificultades económicas?
6. ¿El hecho de apostar disminuye su ambición o eficiencia?
7. Después de perder, ¿ha sentido la necesidad de volver cuanto antes para recuperar sus pérdidas?
8. Después de ganar, ¿ha tenido un fuerte deseo de volver y ganar más?
9. ¿A menudo juega hasta perder su última moneda?
10. ¿Alguna vez ha pedido dinero prestado para financiar su juego?
11. ¿Alguna vez ha vendido algo para financiar su juego?
12. ¿Se ha negado a destinar «el dinero del juego» al pago de los gastos habituales?
13. ¿El hecho de apostar le ha hecho descuidar su propio bienestar o el de su familia?
14. ¿Alguna vez ha jugado durante más tiempo del que tenía previsto?
15. ¿Alguna vez ha jugado para evadirse de las preocupaciones, los problemas, el aburrimiento, la soledad, el dolor o una pérdida?
16. ¿Alguna vez ha cometido o se ha planteado cometer un acto ilegal para financiar el juego?
17. ¿Ha tenido dificultades para dormir a causa del juego?
18. ¿Las discusiones, desilusiones o frustraciones le generan el deseo de jugar?
19. ¿Alguna vez ha tenido ganas de celebrar cualquier buena noticia con un par de horas de juego?
20. ¿Alguna vez ha llegado al extremo de plantearse la autodestrucción o el suicidio como consecuencia del juego?

La mayoría de los jugadores compulsivos responden 'Sí' al menos a 7 de estas preguntas.

Preguntas Frecuentes

La adicción al juego es una enfermedad de naturaleza progresiva e incurable, pero a la que se puede poner freno.

Antes de acudir a Jugadores Anónimos, muchos jugadores compulsivos se consideraban personas de moral débil o, en ocasiones, malas personas. El concepto que Jugadores Anónimos tiene de los jugadores compulsivos es que se trata de personas que realmente están muy enfermas pero que pueden recuperarse si siguen, de la mejor manera que puedan, un sencillo programa que ha demostrado tener éxito para miles de personas con un problema de adicción al juego.

El jugador compulsivo tiene que estar dispuesto a aceptar el hecho de que se halla preso en las garras de una enfermedad progresiva y tener el deseo de recuperarse. Nuestra experiencia ha demostrado que el programa de Jugadores Anónimos funciona siempre con cualquiera que tenga el deseo de dejar de jugar. Sin embargo, no funciona si la persona se niega a encarar los hechos relacionados con esta enfermedad tal y como son.

Usted es el único que puede tomar esa decisión. La mayoría de las personas acuden a Jugadores Anónimos cuando están dispuestas a admitir su derrota ante el juego. En Jugadores Anónimos, se describe a un jugador compulsivo como una persona cuya adicción al juego está causando problemas cada vez más graves y persistentes y que afectan a cualquier aspecto de su vida.

Muchos miembros de Jugadores Anónimos pasaron por aterradoras experiencias antes de estar dispuestos a aceptar ayuda. Otros se enfrentaron a un sutil y lento deterioro, que finalmente los llevó al punto de admitir su derrota.

Materializando un cambio interior de carácter progresivo, lo que es posible a través de la fe y el seguimiento de los conceptos básicos de los Programas de Recuperación y Unidad de Jugadores Anónimos.

No hay atajos para alcanzar la fe y el entendimiento. Recuperarse de una de las adicciones compulsivas más insidiosas y desconcertantes requiere un enorme esfuerzo. HONESTIDAD, MENTALIDAD ABIERTA Y VOLUNTAD son las palabras clave de nuestra recuperación.

Tal vez, sin embargo, muchos miembros de Jugadores Anónimos han dejado de jugar sin el beneficio de conocer el motivo que les impulsaba a jugar.

  1. Incapacidad y falta de voluntad para aceptar la realidad. De ahí el hecho de querer evadirse en el mundo de fantasía de los juegos de azar.
  2. Inseguridad emocional. Un jugador compulsivo solamente se siente cómodo desde un punto de vista emocional cuando está «en acción». No es raro escuchar a un miembro de Jugadores Anónimos decir: «Solo tenía la sensación de no estar fuera de lugar cuando jugaba. En ese momento me sentía seguro y cómodo. No se me exigían grandes cosas. Sabía que me estaba autodestruyendo, sin embargo, al mismo tiempo, me invadía cierta sensación de seguridad».
  3. Inmadurez. El deseo de tener todas las cosas buenas de la vida sin destinar un gran esfuerzo parece ser un patrón de comportamiento común de los jugadores compulsivos. Muchos miembros de Jugadores Anónimos aceptan la realidad de que no estaban dispuestos a crecer. Inconscientemente, sentían que podían eludir las responsabilidades propias de la madurez apostando al resultado de la ruleta o a una mano de la baraja, por lo que la lucha por evitar cualquier responsabilidad se convirtió al final en una obsesión inconsciente.
    Además, un jugador compulsivo parece movido por un fuerte impulso interior de creerse un verdadero «pez gordo» y necesita tener la sensación de que es todopoderoso. El jugador compulsivo está dispuesto a hacer cualquier cosa (a menudo de carácter antisocial) para mantener la imagen que quiere que otros vean de él.
    Además, también existe la teoría de que, inconscientemente, los jugadores compulsivos quieren perder para castigarse a sí mismos. Hay evidencias que respaldan esta teoría.

Esta es otra de las características comunes de los jugadores compulsivos. Dedican mucho tiempo a imaginar las grandes y maravillosas cosas que harán en cuanto consigan un gran premio. A menudo, dan la imagen de personas muy filantrópicas y generosas. Pueden soñar con regalar a sus familias y amigos coches nuevos, abrigos de visón y agasajarlos con otros lujos. Los jugadores compulsivos se imaginan llevando una vida placentera gracias a las enormes sumas de dinero que acumularán mediante la aplicación de su «sistema». Personal de servicio, áticos, buena ropa, encantadoras amistades, yates y viajes por todo el mundo son algunas de las cosas que creen que pueden conseguir con una gran victoria.

Lo que resulta patético, sin embargo, es que nunca parece producirse una victoria lo suficientemente cuantiosa como para poder hacer realidad ni siquiera el menor de sus sueños. Cuando los jugadores compulsivos triunfan, siguen jugando para aspirar a sueños aún mayores. Cuando pierden, juegan imprudentemente, a la desesperada, y la profundidad de su miseria es insondable porque su mundo de ensueño se desmorona. Lamentablemente, lucharán por volver a jugar, con nuevos ideales y sometiéndose a más miserias. Nadie puede convencerles de que sus grandes proyectos jamás se harán realidad. Ellos están convencidos de que sí, ya que fuera de su mundo de fantasía, la vida para ellos les resultaría insoportable.

No, el juego compulsivo es un problema de tipo emocional. Una persona que haya caído en las garras de esta enfermedad crea montañas de problemas aparentemente insalvables. Por supuesto, se generan problemas financieros, pero también problemas conyugales, laborales o legales. Los jugadores compulsivos pierden a sus amigos y son rechazados por sus familias. De las muchas dificultades que surgen, las económicas parecen ser las más fáciles de resolver. Cuando un jugador compulsivo entra en Jugadores Anónimos y deja de jugar, sus ingresos por lo general aumentan, se libran de la carga económica impuesta por el juego y, en muy poco tiempo, las presiones financieras comienzan a aliviarse. Los miembros de Jugadores Anónimos han descubierto que el mejor camino hacia la recuperación económica se basa en el trabajo y en el pago de nuestras deudas. La insolvencia y la recepción/concesión de préstamos (rescates) en Jugadores Anónimos es una práctica perjudicial para nuestra recuperación, por lo que no se debe recurrir a ella.

El problema más difícil con el que se enfrentarán, y el que más tiempo les exigirá, es el de lograr un cambio interior de carácter. La mayoría de los miembros de Jugadores Anónimos lo consideran como su mayor desafío, debiéndolo trabajar de forma inmediata y continuada durante toda su vida.

Creemos que la mayoría de las personas, si son honestas, reconocerán su incapacidad para resolver ciertos problemas.

En el campo de los juegos de azar, hemos conocido a muchos jugadores compulsivos que eran capaces de dejar de jugar durante largos períodos, pero cuando bajaban la guardia y si las circunstancias eran propicias, retomaban el juego sin pensar en las consecuencias. Las defensas con las que contaban, a través únicamente de su fuerza de voluntad, se desmoronaban ante cualquier motivo trivial que les impulsara a realizar una apuesta. Hemos visto que la fuerza de voluntad y el autoconocimiento no ayudan en esos momentos en blanco, pero la adhesión a unos principios espirituales parece ser la solución a nuestros problemas. La mayoría de nosotros sentimos que el hecho de creer en un Poder Superior a nosotros nos ayuda a resistir el deseo de recaer en el juego.

No. La primera apuesta para un jugador compulsivo es como la primera bebida para un alcohólico. Tarde o temprano, vuelve a caer en el mismo patrón destructivo de antes.

Una vez que una persona ha cruzado la línea invisible del juego incontrolado irresponsable, ya nunca recupera el control. Después de haberse abstenido durante unos cuantos meses, algunos de nuestros miembros han intentado realizar una pequeña apuesta a modo de prueba y los resultados siempre han sido desastrosos. La antigua obsesión inevitablemente se ha vuelto a apoderar de ellos.

Nuestra experiencia en Jugadores Anónimos parece apuntar a estas alternativas: jugar, corriendo el riesgo de ser presas de un deterioro progresivo, o no jugar, y desarrollar una forma de vida mejor.

Significa exactamente eso. Es necesario marcarse un límite y, para muchos miembros de Jugadores Anónimos, esa primera apuesta es el umbral que no se debe cruzar, aunque la apuesta sea tan solo de un café. Esto incluye los juegos de azar a través de Internet, el bingo, la bolsa de valores, materias primas y opciones, la lotería, los boletos de rifas, echar una moneda al aire o participar en una porra deportiva en la oficina.

Sí. Los jugadores compulsivos que se han unido a Jugadores Anónimos nos comentan que, a pesar de que sus épocas de juego tenían un carácter periódico, no estaban asociadas a un pensamiento constructivo. Los síntomas de estos períodos son el nerviosismo, la irritabilidad, la frustración, la indecisión y los problemas continuados en las relaciones personales. Estas mismas personas han encontrado a menudo en el programa de Jugadores Anónimos la respuesta que les ha permitido erradicar los defectos de su carácter y encontrar una guía para el progreso moral en sus vidas.